Mayores de 60: el hábito nocturno sencillo que puede ayudar a cuidar tu visión mientras duermes

Con el paso de los años, es normal notar cambios en la vista. Alrededor de los 60, muchas personas empiezan a sentir los ojos más cansados al final del día, mayor sensibilidad a la luz, sequedad al despertar o dificultad para enfocar letras pequeñas. Estos cambios suelen estar relacionados con el envejecimiento natural de las estructuras oculares y con el desgaste acumulado por la exposición a pantallas, luz artificial y estrés oxidativo. Sin embargo, ciertos hábitos diarios pueden convertirse en aliados silenciosos para el cuidado visual.

Uno de esos hábitos comienza antes de ir a la cama y está relacionado con un alimento sencillo, económico y fácil de conseguir: la zanahoria. Este vegetal, conocido desde hace generaciones, contiene nutrientes clave para la salud de los ojos, como el betacaroteno —que el cuerpo transforma en vitamina A—, además de luteína y zeaxantina, compuestos que ayudan a proteger los tejidos oculares.

Consumir zanahoria en la noche puede ser especialmente interesante porque durante el descanso el organismo se enfoca en procesos de reparación y regeneración. Mientras duermes, el cuerpo aprovecha mejor ciertos micronutrientes, lo que podría contribuir a que los ojos se sientan más descansados y cómodos al despertar. Muchas personas notan menos sensación de arenilla, menor fatiga visual y una percepción más clara al iniciar el día.

Entre los beneficios potenciales de incluir zanahoria por la noche se encuentran el apoyo a la lubricación natural del ojo, la protección frente al daño oxidativo y el mantenimiento de la salud de la retina. Además, su contenido natural de agua contribuye a la hidratación general, algo fundamental para el bienestar ocular.

¿Cómo consumirla antes de dormir?
La forma más sencilla es comer una zanahoria mediana, cruda y bien lavada, unos 30 a 60 minutos antes de acostarte. Si prefieres una textura más suave, puedes cocinarla ligeramente al vapor durante 5 a 7 minutos, sin sobrecocerla, para conservar sus nutrientes. Evita freírla o acompañarla con salsas pesadas por la noche.

Otra opción es prepararla rallada con unas gotas de limón o un chorrito pequeño de aceite de oliva, lo que ayuda a absorber mejor los carotenoides. No es necesario añadir azúcar ni sal.

Este hábito no reemplaza consultas oftalmológicas ni tratamientos médicos, pero puede formar parte de una rutina de autocuidado integral. Acompañado de una buena hidratación, descanso adecuado y revisiones periódicas, pequeños gestos como este pueden marcar una diferencia positiva en cómo sientes tu vista cada mañana.

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